ALTO: ¡PELIGRO! NO ES SUFICIENTE MEJORAR LA EDUCACION! (I)

Durante fui Rector de la Universidad Nacional Agraria (UNA) o Presidente del Consejo Nacional de Universidades (CNU) de Nicaragua, acostumbraba a decir a los jóvenes: “Que no apoyaran la lucha contra la pobreza, ni contra el hambre, ni por más y mejor salud, ni contra la marginación, contra el cambio climático, o por más justica y equidad”. Sino que hicieran propias esas luchas, estuvieran donde estuvieran. Porque apoyarlas era asumir que no les pertenece, que no era un reto suyo como profesionales, como seres humanos.

Con relación a la educación, muchos piensan que hay que mejorarla y hacen mayores o menores esfuerzos en ese sentido. Sin embargo, podemos decirlo con plena firmeza y convicción que, cualquier mejora al sistema educativo, es educar pero para un mundo que ya no existe y que no existirá cuando los niños y niñas, adolescentes y jóvenes sean adultos, más allá de la profesión u oficio que vayan a desempeñar e indistintamente si es en el campo, en la ciudad, en el Norte o en el Sur, en Oriente u Occidente, si son empleadores o empleados, etc.

Los procesos de mejora, si se impulsan, tienen que ser vistos como una transición hacia la transformación total de la educación. Una nueva educación para un mundo nuevo y en transformación constante, permanente y acelerada.

Algunas personas podrían decir que esto no es cierto o que es exagerado. Entonces pensemos en lo siguiente: Cuando un niño o niña ingresa a primer nivel de preescolar tiene que esperar 9 años para finalizar la primaria, 14 años para finalizar la secundaria y entre 16 y 20 años para finalizar una carrera técnica o profesional a nivel de grado. Si incluimos especialidades, maestrías o doctorados el tiempo es aún mucho mayor.

Este análisis lo hice el año pasado, antes del CORONAVIRUS, entonces si nos ubicamos en el contexto actual, será que el mundo será igual después de la pandemia del CORONAVIRUS (COVID-19)? En apenas unos meses el mundo ya ha cambiado y cuando finalice la pandemia, que esperamos sea pronto aunque en realidad no lo sabemos, el mundo entero será muy diferente en términos económicos, sociales, humanos, políticos, a nivel de las personas, las familias, las comunidades, las naciones y en el contexto internacional.

Entonces si en apenas en unos meses el mundo ha cambiado tanto ¿Será que dentro de 16 o más años será igual? Tal como lo señala el Dr. Juan Carlos Casco, de EMPRENDEDOREX, en su Blog, “el futuro ha llegado y no nos hemos enterado”, y los cambios científicos y tecnológicos ocurren día a día y a una velocidad inimaginable, vertiginosa y exponencial, sumado al hecho de otros fenómenos naturales, antropogénicos o sociales que ya han cambiado y siguen cambiando al mundo, tales como la población mundial, la tasa de natalidad, la distribución etaria y la pirámide poblacional, la cantidad y tipo de enfermedades, como el COVID-19, y las posibilidades de prevención y control de las mismas, la cubierta vegetal (sobre todo la superficie cubierta por bosques primarios), la biodiversidad, el cambio climático y la variabilidad climática, etc.

El conocimiento mundialmente registrado tardó 1,750 años en duplicarse por primera vez, luego lo hizo cada 150 años. En 1901 se estimó que se duplicaba cada 98 años, en 1950 cada 47 años, en 1976 cada 23 años, en 1991 cada 11 años, en 2003 cada 4 años y en el 2020 se estima que lo hace cada 73 días. Pero no solo es un problema del volumen total de conocimientos, sino que muchos de ellos y de las tecnologías con extrema rapidez se vuelven obsoletos, aunque otros perduran en el tiempo.

En otras palabras, si hablamos de cuatro años de estudios universitarios, los contenidos que les compartimos a los estudiantes (lo cual no es sinónimo, ni mucho menos, de aprendizaje) ya están obsoletos, o lo serán antes que finalice el primer año. Además, esa es información a la que la gran mayoría de los estudiantes puede tener acceso de forma más amplia y diversa por los medios virtuales (incluyendo las bibliotecas virtuales, redes sociales e internet fija o móvil, en general).

No hay mente humana capaz de acumular la información existente (además no es necesario) y tampoco puede compartirla en el desarrollo de una materia o asignatura, sobre todo considerando que dicha información se multiplica y modifica a una velocidad inimaginable.

Pero, ¿qué sucede? Como ya lo mencioné en otro escrito, a nivel mundial aún sigue prevaleciendo la clase en que el profesor llega a enseñar contenidos, muchos de los cuales corresponden a una realidad que ya no existe. Pero, además, el resultado es que los estudiantes se apropian muy poco de esos contenidos, por diferentes razones.

Las instituciones educativas y los países que podrán tener impacto en las personas, en las familias, comunidades y sociedad son aquellos que asumen el reto de la transformación, no de la “simple mejora”. Y pongo entre comillas esa expresión porque aun la mejora no es realmente simple hacerla.

Los países llamados subdesarrollados si no transformamos la educación a todos los niveles para potenciar el indiscutible talento que tienen nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes y el desarrollo científico tecnológico, junto a la enorme riqueza y diversidad de saberes de nuestros pueblos y comunidades, y nos convertimos solo en consumidores e ineficientes usuarios de la ciencia y tecnología, contrario a acortarse la brecha de desigualdad entre las regiones, países y contextos locales, se ensancharía en detrimento siempre de los más pobres y marginados del mundo.

El argumento más frecuente para no cambiar es la limitación de recursos materiales y financieros, lo cual es una realidad innegable e inobjetable tanto para las instituciones públicas como privadas, sobre todo en los países con menor nivel de desarrollo, y más aún en las instituciones del sector rural. Sin embargo, la principal barrera, dificultad o limitación es la resistencia al cambio, principalmente el de nuestros propios esquemas mentales. También existen rigideces institucionales o nacionales (para evitar la anarquía, sobre todo si se produce sin razón académica sino por irresponsabilidad, indisciplina o simple comodidad), o por falta de visión y por ende también generando resistencia al cambio y a la transformación a nivel general.

Por ello las políticas internacionales, nacionales e institucionales deben promover, estimular y facilitar el cambio y la transformación y no ser, como con frecuencia lo es, una barrera o un freno para que el mismo se produzca.

Los maestros y maestras con frecuencia piensan que la mejor educación es la que ellos recibieron con el contenido y forma que ellos la recibieron, y esto podría ser verdad pero obedece a realidades y contextos familiares, institucionales, nacionales e internacionales diferentes, que ya no existen. Algunos de los argumentos para oponerse, o al menos estar en desacuerdo con las trasformaciones profundas, son:

1) ¿Quién va a reconocer y validar ese cambio, si los demás, a nivel nacional e internacional, lo hacen de forma tradicional?

2) ¿Quién va a evaluar y acreditar esos cambios si los estándares e indicadores de las agencias de acreditación de la calidad están basados en el modelo y métodos tradicionales y no en un modelo y esquemas transformados y transformadores?

3) ¿Cómo van a ser reconocidos los estudios de nuestros estudiantes, si a nivel de los países e internacional el reconocimiento se basa en el cumplimiento de indicadores tradicionales? Por ende, esto será una barrera para la movilidad nacional e internacional de nuestros estudiantes, se argumenta.

4) ¿Cómo se va a evaluar el resultado de los aprendizajes de los estudiantes?

5) Y siempre se argumenta que no se dispone de los recursos materiales y financieros suficientes para implementar los cambios. Entonces lo que se produce es un círculo vicioso. No hay cambios o son pocos, y se eternizan la pobreza, el atraso, la marginación y se ensanchan las brechas de inequidad.

Todas son preguntas o inquietudes válidas, y es importante responderlas asumiendo el reto, y de alguna manera el sacrificio, de ser pioneros, precursores, promotores de la verdadera transformación de la educación para una sociedad que sigue aceleradamente transformándose y que estamos ya, y estaremos después que finalice la pandemia, no en una época de cambios sino en un cambio de época regida por nuevos paradigmas y nuevas realidades en términos económicos, sociales, humanos, políticos e incluso ambientales.

Francisco Telémaco Talavera Siles