La Muerte y las Estadísticas

Cuando el muerto, por la razón que sea, es un hijo o hija, su pareja, su padre o madre, su abuelo o abuela, un hermano o hermana, cualquier familiar o amigo. o uno mismo, las estadísticas, al menos para esa persona o la familia, se vuelven totalmente irrelevantes. En otras palabras cuando el muerto, es su muerto, para esa persona o familia, es una tragedia, un caos sin límites.

Para ilustrarlo de manera sencilla: si durante el desarrollo de la vela de un fallecido o fallecida alguien se acercara a la familia y les dijera: “No se preocupen que es el único muerto” lo menos que causaría sería una tremenda indignación entre la familia y amistades.

Aunque a la familia de la víctima no le sea indiferente lo que pase con otras personas y con la sociedad, para ellos la tragedia, angustia y tristeza es total, indistintamente si hay o no más víctimas.

Indistintamente que haya más de siete mil setecientos millones de habitantes en el planeta, cada persona es única, cada persona tiene su propio valor indistintamente el color de su piel, su raza, su condición social y económica, su ideología o credo.

Indudablemente las estadísticas sobre el número total de víctimas y muertos por una enfermedad, por un desastre natural, por la guerra o violencia de cualquier tipo, por el hambre y a pobreza, etc son importantes para definir las medidas a tomar para mitigar o reducir el impacto, para determinar los recursos requeridos para atender la crisis, cualquiera que sea origen y causas y para superar la crisis promoviendo la resiliencia y el desarrollo.

De igual manera para quien su empresa quiebra o entra en bancarrota, es su empresa, y lo que ello significa para él, su familia y su entorno.

Para quien pierde su empleo y deja de disponer de los recursos necesarios para atender sus necesidades básicas y las de su familia: vivienda, alimentación, salud, vestuario, etc. es una tragedia personal y familiar indistintamente que sea único o que hayan decenas, centenares, miles o incluso millones en la misma condición.

Por tanto no debemos escatimar esfuerzos, ni medidas y acciones a nivel internacional, regional, nacional, local, familiar y personal para proteger la salud, la calidad y condiciones de vida y la vida misma.

Si se pierde la vida, la macro y microeconomía, la inversión, el turismo, los sistemas de salud, la educación y el propio empleo no tienen ningún sentido.

Es determinante es que se atienda lo que corresponda hoy en tiempo y forma para reducir el impacto de la crisis sanitaria mundial por causa del CORONAVIRUS, COVID-19, y las consecuencias presentes y futuras del ECONOMIVIRUS que está afectando y podría afectar seriamente a millones de personas y familias después que se supere la crisis sanitaria.

Aunque no es fácil hacerlo, es esencial mantener la calma y actuar con determinación pero con serenidad y con seriedad. Entre más compleja sea la situación mayor tiene que ser la calma y serenidad y la fe, aunque no se escatimen acciones y esfuerzos para vencer la situación actual y que podamos después de ella, repensar el tipo de sociedad que tenemos y construir una mejor sociedad para todos y todas.

En el mundo entero se habla de una condición de guerra por la crisis sanitaria del COVID-19 pero ninguna guerra se gana si se pierde la calma y el control personal y colectivo, se actúa con prontitud pero con serenidad y calma que es lo que permite definir e implementar tácticas y estratégicas necesarias para vencer y avanzar.

CON FE, OPTIMISMO, DETERMINACIÓN, ESFUERZO Y ABNEGACION SALDREMOS ADELANTE COMO PERSONAS, COMO FAMILIAS Y COMO SOCIEDAD a pesar de las irreparables e invaluables pérdidas humanas y de los elevadísimos costos económicos y sociales.